En el corazón del Chile campesino, específicamente en la localidad de Roma (comuna de San Fernando), late una historia que casi se borra del mapa: la Pascua de los Negros. Esta festividad, celebrada cada 6 de enero (Día de Reyes), es un testimonio vivo de la herencia africana en la zona central de Chile, vinculada históricamente a los trabajadores esclavizados de la antigua Hacienda Los Lingues.
¿En qué consistía este rito? Durante la tarde de Reyes, grupos de vecinos recorrían casas y fondas transformados en una colorida comparsa
Los personajes principales eran:
El Rey: Con su corona y la espada de madera más hermosa del grupo, representando simbólicamente la soberanía ancestral africana (como el Rey del Congo)
La Reina o «Minina»: Un hombre vestido de mujer que bailaba cueca con «harta gracia», cargando a veces un bulto que representaba a un niñito negro
Los Edecanes o «Mininos»: Acompañantes que completaban el grupo de hasta diez integrantes
El arte del anonimato Lo más fascinante de esta tradición era el misterio. Los participantes cubrían sus rostros con máscaras de género negro y trajes adornados con papeles de colores.
Para no ser descubiertos, hablaban con voces de falsete y lanzaban bromas de «doble sentido» mientras bailaban ritmos como la sajuriana, la resfalosa y la «chilenita».
Un rescate con historia Tras apagarse hacia mediados del siglo XX (alrededor de 1947), la tradición fue reconstruida gracias a una investigación de décadas liderada por Margot Loyola.
Hoy, aunque algunos vecinos la ven como una representación folclórica que ha cambiado sus fechas originales, la comunidad de Roma ha logrado reactivar esta fiesta, devolviéndole a la localidad una pieza clave de su identidad y raíces afrodescendientes.





