Un cerro sagrado: Treng Treng y la memoria de los ancestros
El cerro pertenece a una categoría particular dentro de la cosmovisión mapuche: es un Treng Treng. La denominación remite a un relato mítico fundamental. Según la tradición oral de origen mapuche, dos fuerzas opuestas representadas por serpientes entraron en conflicto. Kai Kai Vilu, vinculada a las aguas, provocó un gran diluvio para castigar a la humanidad. En respuesta, Treng Treng Vilu, asociada a la tierra, hizo elevar los cerros para que las personas pudieran refugiarse y sobrevivir. El Gulutrén es, por lo tanto, uno de esos cerros que emergieron como lugares de salvación y memoria de los kuifikecheyem (ancestros).
Para los antiguos habitantes de esta zona, que pertenecían al pueblo pikunche (una rama mapuche de la región central), el Gulutrén era un espacio ceremonial donde se practicaban ceremonias de agradecimiento y reciprocidad.
La llegada colonial y las cruces que no duraban
Con la llegada del período colonial y la instalación del sistema de encomiendas y misiones, el uso ceremonial indígena del cerro fue progresivamente desalojado. La presencia de cruces en su cima, instaladas desde fines del período colonial, responde a un proceso de evangelización que buscaba reemplazar las prácticas ancestrales.
La tradición oral ha preservado el recuerdo de que las primeras cruces de madera no duraban. Durante cerca de cien años, aquellas que se instalaban en la cumbre aparecían quemadas, cortadas o deterioradas, y debían ser reemplazadas en repetidas ocasiones. Las explicaciones oficiales de la época atribuían estas destrucciones a fuerzas demoníacas. Esta interpretación tiene sentido si se considera que el carácter sagrado del cerro para los pueblos indígenas era mal visto y demonizado por la Iglesia católica, lo que pudo haber perpetuado la creencia de que aquí moraba el diablo. La tradición oral local también recoge la historia de un joven que habría prendido fuego a una de esas cruces por una apuesta, y que luego sufrió la putrefacción de sus brazos como castigo.
La cruz de hierro que permanece hasta hoy
Ante la persistencia del problema, un sacerdote decidió encargar una cruz que no pudiera ser destruida. Se mandó fabricar en Santiago una cruz de hierro de doce metros de altura. Fue transportada a lomo de mula hasta la cima del cerro e inaugurada en 1897. Esa cruz permanece en el lugar hasta hoy.
Hoy, el cerro Gulutrén es visitado por excursionistas y también por quienes buscan conectarse con la memoria ancestral o con la espiritualidad que llegó desde Europa.





